Viajes con mi perro

Bárcena Mayor (Cantabria)



Por fin, voy a descubrir si Bárcena Mayor es tan bonito como dicen...Acabo de pasar un par de días en Liérganes en compañía de una amiga y hemos pensado en aprovechar el viaje de vuelta a Gijón para hacer una parada en dicha localidad. Como siempre nos acompaña Cooper ya que sigue sin manifestar ningún síntoma provocado por el tumor en el hígado que le han descubierto apenas hace un mes. Lo encuentro tan bien que en muchas ocasiones hasta consigo olvidarme que está enfermo...

Nos dirigimos primero a Cabezón de la Sal que está a unos 53 km de Liérganes y desde allí y tras recorrer 28,3 Km por una carretera comarcal en dirección a Los Tojos llegamos a Bárcena Mayor.


El camino hasta el pueblo está muy bien indicado y es muy bonito y según nos acercamos se va haciendo más y más bonito pues Bárcena Mayor se encuentra en el Parque Natural de Saja-Besaya, siendo el único núcleo urbano habitado que se puede encontrar en dicho parque.





Y eso es precisamente lo que me encantó porque además de ser muy bonito, el pueblo se encuentra en un enclave natural precioso rodeado de bosques de robles y hayas en el valle del río Argoza.


Justo a la entrada del pueblo hay un parking por el que nos cobraron no recuerdo bien si 2 o 3 euros y a partir de ahí hacemos la visita a pie hasta llegar al río en el que, naturalmente, Cooper no duda ni un minuto en pegarse un baño.


En 1979 fue declarado Conjunto Histórico Artístico por tratarse de un conjunto homogéneo y bien conservado de arquitectura montañesa.


Cuenta con una iglesia parroquial, la Iglesia de Santa María, construida en el siglo XVII y reformada en el XVIII. Lástima que esté cerrada pues parece ser que tiene en su interior un retablo barroco del siglo XVIII.


Todo está limpio y cuidado, quizás demasiado, como si estuviese acondicionado para el turismo, pero así todo nos pareció muy bonito y disfrutamos mucho de la visita. Además yo que me quejo tanto de los desastres urbanísticos que inundan nuestra geografía agradezco un montón no encontrarme ninguna casa que desentone. En realidad, esa ha sido la tónica en este viaje.


Para comer elegimos el Mesón Restaurante Río Argoza que tiene una agradable terraza que da al río en la que nos permitieron comer con Cooper. Tomamos como plato único un cocido montañés, el plato típico de Cantabria, elaborado con alubia blanca, berza y compango con productos de la matanza del cerdo. Si lo menciono es porque estaba riquísmo y nos pareció muy barato. Por una vez, me alegro de saltarme mi decisión de no comer carne, decisión que mantengo desde hace más de 5 años.


De nuevo en el coche nos dirigimos a Cabezón de la Sal para tomar la carretera que nos conducirá de vuelta a Gijón, pero cuando estamos a punto de llegar a dicha localidad vemos una desviación a Mazcuerras y decidimos tomarla pues recordamos que era uno de los lugares dignos de visitarse que nos habían mencionado en el Hotel Termas de Liérganes donde acabamos de pasar dos noches. ¡Y qué maravillosa sorpresa la que nos depara esta visita inesperada!.


La Casa de las Magnolias de 1882.
Ya en la entrada nos llama la atención una casa muy bonita, la conocida como Casa de las Magnolias, de 1882 y que debe su nombre al gran número de especies de magnolio que inundan la finca. La casa perteneció a un indiano que llegó a ser diputado provincial, Don Pedro Fernández Campa, quien recibió en ella a visitantes ilustres como el rey Alfonso XII y la reina Isabel II.
Fue también en esta casa donde vivió y falleció en el 2011 la escritora y pedagoga española Josefina Aldecoa (La Robla 1926/ Mazcuerras 2011) quien fue fundadora y directora del Colegio Estudio de Madrid y mujer del escritor Ignacio Aldecoa.

La casa de Concha Espina, con la glicinia que plantó Concha Espina el día de su boda en 1893.
Caminamos un poco y enseguida nos llama la atención una preciosa glicinia con un tronco de un diámetro enorme. Descubrimos que la casa montañesa donde se encuentra perteneció a la escritora Concha Espina (Santander 1869/Madrid 1955) que vivió en Mazcuerras. Fue en Mazcuerras donde ambientó su novela "La niña de Luzmela", novela en la que describe la vida de un pueblo cántabro razón porque la cual al pueblo se le conoce también con el nombre de Luzmela.
La casa constituye un ejemplo de la típica casa rural de principios del XIX.
También vivió en este edificio el guitarrista Regino Sainz de la Maza, marido de su única hija Josefina, de ahí la escultura homenaje al guitarrista con unas manos y una guitarra que aparecen en una de las paredes del edificio de la biblioteca que se encuentra enfrente de donde estamos.
Concha Espina tuvo otros tres hijos varones, uno de ellos el famoso periodista Victor de la Serna.

La escultura dedicada a Concha Espina, detrás la ermita de San Roque.
Hay también una escultura dedicada a Concha Espina realizada por el escultor Iñigo Muguerza, bisnieto de la escritora, en la que aparece representada ciega como estuvo los últimos años de su vida.


Y mientras caminamos por el pueblo vamos de sorpresa en sorpresa...de pronto empezamos a fijarnos que en muchas casas hay pegadas fotografías antiguas de habitantes de Mazcuerras con un cartel contando su historia...




Y vamos descubriendo diversas montajes de un colectivo que se llama Aselart que ha llevado el arte a la calles del pueblo durante el verano.


Me llamó especialmente la atención uno que se llamaba "Los Cuatro Cartujos" de Carlos Izquierdo.

Paseando por Mazcuerras, al fondo a la izquierda se encuentra la bolera: Los bolos es el deporte rural más practicado en Cantanbria.
Estamos muy cerca de los Viveros Escalante. Mazcuerras cuenta con una gran tradición en el cultivo de flores razón por la que se conoce a esta localidad con el nombre del "pueblo de las flores". Los Viveros Escalante tienen más de un siglo de antiguedad y son un referente nacional en el cultivo de flores y plantas, pero Cooper no muestra el menor interés por el cultivo de flores y a donde se dirige es a una pradera cercana de la que me resulta difícil convencerle de que salga.


Tiene Mazcuerras algo que me atrapa, por eso no me importaría quedarme un rato más... ("El río Saja a sus pies, la montaña a la espalda. Praderas, árboles, y plantas en las huertas, flores en las ventanas de casas montañesas. Tranquilidad. Paz. El tiempo parecía haberse detenido en aquel lugar amable y acogedor": Del libro "En la distancia" de Josefina Aldecoa) pero tenemos todavía prevista hacer otra parada antes de seguir nuestro viaje a Gijón, así es que vamos a recoger el coche para seguir nuestro viaje. Por momentos nos sentimos tentadas a acercarnos al Parque El Bosque situado en el margen derecho del río Saja, pero en lugar de eso nos acercamos en coche hasta a la Iglesia de San Martín de finales del siglo XVII.


Y desde ahí nos vamos a conocer el Bosque de Secuoyas del Monte Cabezón que se encuentra a cinco minutos de Cabezón de la Sal. Preguntamos al llegar al centro del pueblo y nos indican que cojamos la A-8 en dirección a Oviedo y nos salgamos en dirección a Comillas, enseguida nos encontramos con un cartel que indica el lugar y un primer aparcamiento que está lleno de coches y después otro más grande donde encontramos un sitio de milagro. Bajamos por un camino peatonal hasta la entrada.


Justo a la entrada hay una pasarela de madera que lleva hasta el bosque que fue declarado Monumento Natural en el año 2003. Leo en un cartel que hay a la entrada que con "sus apenas 2,5 ha y más de 850 secuoyas costeras forma la masa forestal más extensa de esta especie en Europa. Su altura oscila entre 40 y 50 m y su perímetro normal ronda 2m". Fueron plantadas en los años 40 por lo rápido de su crecimiento para proporcionar madera y restringir al máximo la dependencia del exterior. No tengo ni idea de por qué finalmente no se talaron. Hay además dispersos 25 pinos de Monterrey y algún eucalipto blanco plantados en la misma época. La ruta es de dificultad baja y se hace en una hora como mucho.

Y ahora si, con esta visita acaba este viaje a Cantabria que simplemente nos encanta.

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