Viajes con mi perro

Buitrago de Lozoya

Hace tiempo que ando dándole vueltas a hacer un viaje por Valencia; mientras llega ese momento, me conformo con hacer una excursión a Buitrago de Lozoya en compañía de unos amigos. Escribo "me conformo" como si la excursión no me apeteciese, cosa que no es cierta. Es sólo que estoy muy ilusionada con hacer un viaje más largo por un territorio todavía inexplorado por este blog, como es el de la Comunidad de Valencia. Pero como digo, toca esperar y disfrutar mientras tanto de lugares más cercanos a Madrid.


Situada en un meandro del río Lozoya, Buitrago es la única población de la Comunidad de Madrid que conserva completo su recinto fortificado con una muralla de 800 metros.

Se encuentra a tan solo 78 Km. de Madrid capital, así es que llegamos en menos de una hora y aparcamos el coche muy cerca de la Plaza de Picasso, casi enfrente de de la Oficina de Información y Turismo.

Fundada por los romanos y fortificada por los árabes, en la época medieval se convirtió en una importante ciudad mercado.

La Calle Real desde la muralla.
Atravesamos la Plaza de Picasso donde se encuentra el Ayuntamiento en cuya planta baja se encuentra el pequeño Museo Picasso y tomamos la Calle Real hasta llegar a la Plaza de la Constitución y desde ahí entramos en la zona amurallada.


Enseguida nos topamos con la Iglesia de Santa María del Castillo del siglo XV con un artesonado en su interior que me pareció muy bonito.

Justo al lado hay una oficina que vende los tickets, cuestan dos euros, para acceder a las murallas. Desde el adarve de la muralla hay una vista muy bonita tanto del río como de la iglesia y de los tejados del casco viejo.


Iglesia de Santa María del Castillo.

Después nos acercamos al castillo que no se puede visitar y fue residencia de Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, y sus descendientes pertenecientes a la poderosa familia de los Mendoza. Fue construido entre el siglo XIV y XV en una de las esquinas de las murallas. En él se hospedó Juana la Beltraneja,  hija de Enrique IV que disputó a Isabel la Católica, el trono de Castilla.

Vista del castillo desde la muralla.
Empezamos a sentir apetito así es que nos dirigimos a una zona de pinos para comernos los bocadillos que hemos traído de Madrid.

Nada más llegar a Buitrago habíamos cogido en la Oficina de Información y Turismo un folleto con la descripción de varias sendas para realizar por los alrededores. Nosotros elegimos una cercana y fácil denominada Senda de las Gariñas (hay otras tres: La Senda del Cerro de Cinco Villas, La Senda del Embalse de Riosequillo y La Senda de La Espadaña de la Trinidad). El problema fue que la chica que nos atendió nos advirtió que había un acceso más corto pero que transcurría durante unos metros por un camino no vallado y con un fuerte desnivel y uno más largo pero que transcurría por un camino sin dificultad alguna. Mis amigos eligieron el primero y se adelantaron en el camino sin tener en cuenta que yo tengo vértigo y que Cooper no destaca precisamente por su arrojo. No puedo recordar cuantos metros tiene la parte no protegida, me temo que sólo uno o dos, sólo sé que lo pasé realmente mal hasta que conseguí recorrerlo pues a mí me dio vértigo y Cooper se quedó inmóvil, en parte creo que debido a que le transmití mi angustia, sin querer continuar e imposibilitado por su tamaño a dar la vuelta.


Cuando finalmente alcancé a mis amigos me los encontré sentados a alegremente en torno a la comida y ajenos al mal rato que acababa de pasar. Creo que ese recuerdo desagradable quedará indefectiblemente unido a Buitrago. Afortunadamente la vista que se divisaba desde donde comimos era muy bonita y calmó en parte mi ánimo. Aún así yo terminé antes mi bocadillo y me adentré sola con Cooper por el bosque.

Antes de alcanzar el bosque de pinos, me encontré a una chica con un golden a la que le conté el miedo que acababa de pasar, pero ella me dijo que atravesaba a menudo con su perro por ese sitio sin el menor asomo de miedo y que quizás se sentía más segura al llevarlo atado con un arnés en lugar de con un collar como suele llevar Cooper.

Probablemente el lugar no encierre el menor peligro, pero si cuento aquí como lo viví yo es por si alguien accede por ese lugar al pinar y sufre de vértigo como es mi caso.


En el bosque no había nadie. Sólo un silencio atronador, sentí que me envolvía, y me encantó...a lo lejos y a pesar de que estaban a muchos metros se oían las risas y, por momentos, las voces de mis amigos de las que Cooper estaba pendiente. Así es que seguí avanzando un rato en busca del efecto beneficioso que siempre produce en mí el contacto con la naturaleza.

En cuanto me reúno con mis amigos y tras un rato juntos por el bosque, nos vamos a tomar un café a la terraza de un bar en la Plaza de la Constitución.


Nos quedamos allí un buen rato "arreglando el mundo" hasta que empezamos a pensar en regresar a Madrid.

Antes nos acercamos al Puente Viejo y mientras mis amigos se hacen retratos desde el puente con las murallas al fondo, yo intento captar la luz de ese momento en que empieza a atardecer y que siempre me resulta tan bonito.


Y ahora caminamos a buscar el coche para regresar a Madrid. Yo tenía la ilusión de visitar el Museo Picasso antes de iniciar el regreso, pero cuando me acerco veo un cartel que indica que el domingo sólo abre hasta las 14h. El museo, acoge 60 obras que el artista regaló a Eugenio Arias, natural de esta villa y que fue su barbero y amigo cuando ambos vivían en francia. Así es que me reúno con mis amigos que ya están esperándome en el coche e iniciamos el camino de vuelta a Madrid. En mi caso algo frustrada, aunque nada les comento a mis amigos, por no haberme acercado hasta el lugar al otro lado del río desde donde se tiene un vista de la villa rodeada por completo por la muralla. En otra ocasión...








2 comentarios

  1. ¿pudo Cooper subir a la muralla? Gracias.

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  2. Si.La verdad es que no le pregunté al chico que vendía las entradas por si acaso me decía que no. Así es que no sé si es porque está permitido o porque no sé dio cuenta de la presencia de Cooper, pues yo no me acerqué deliberadamente al puesto donde las venden ya que las sacó una amiga.¡Un saludo!

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