Viajes con mi perro

Hotel La Cepada. Cangas de Onís (Asturias)

El río Sella con el Puente Romano al fondo.
Me encuentro a una amiga de perros de Gijón quien me comenta que hemos dejado de vernos porque se ha ido a vivir con su novio a San Juan de Beleño donde está destinado como guarda forestal. Después de pedirle entre bromas que cuide de un novio con un trabajo tan interesante, amenazo con ir a visitarlos un día en compañía de Cooper...El jueves 28 de Julio es el día elegido.

Llego a Cangas de Onís sobre las 13h de un día soleado y caluroso- este mes de Julio se hizo realidad la broma que siempre me gastó un amigo andaluz acerca de que "en Asturias el último verano cayó en jueves"- y en seguida me viene a la memoria el comentario que me hicieron en Gijón respecto a que Cangas de Onís es el más guiri de los pueblos asturianos...Y es que hay mucho tráfico, dificultades para aparcar y mucha gente con aspecto de ser foráneo.

A mí naturalmente nada de eso me molesta, estamos en temporada alta y todo el mundo tiene tanto derecho como yo a estar allí. Lo que si me molesta, en realidad me disgusta, es ver la cantidad de edificios nuevos que han construido en los últimos 15 años que es el tiempo que calculo más o menos que no voy por la zona. Y no es tanto el hecho de que haya nuevas construcciones, sino que como ocurre desgraciadamente en la mayoría de España, son edificios que no guardan ningún criterio estilístico y que desentonan claramente con el resto y con el entorno paisajístico.

El Hotel la Cepada es el que aparece al fondo con unas sombrillas blancas.

Dado que Cangas de Onís está a unos 35 Km. de San Juan de Beleño y puesto que en este último no he encontrado sitio que permitan dormir con perro, reservo una habitación en el Hotel La Cepada que se encuentra a unos minutos del centro de Cangas de Onís. Nada más divisarlo desde lejos tengo la impresión de haber acertado con la elección, impresión que se confirma cuando llego al hotel para tomar posesión de mi habitación antes de salir a pasar el día a San Juan.

Amanecer brumoso en Cangas de Onís, captado desde la habitación del hotel.
Porque el hotel es amplio, está limpio y cuidado y situado en una colina desde la que tienes unas vistas muy bonitas- lástima la vista de los edificios que comento más arriba-con una terraza también muy amplia y agradable sobre Cangas de Onís. Me atiende una chica muy agradable, todo el personal del hotel lo es, que me dice que todavía no está limpia la habitación, así es que tras dejarle la maleta me voy al encuentro de mis amigos a San Juan de Beleño.


Cojo la Avenida de Castilla en Cangas y en seguida a la derecha, una carretera provincial preciosa y por la que circulo con precaución, pues como me advirtió mi amiga es posible encontrarse con cabras en mitad del camino, como efectivamente me ocurre y en media hora más o menos llego a Beleño.

San Juan de Beleño es la capital del Concejo de Ponga, está situado en una ladera soleada a 620 m.de altitud y disfruta de una magnífica vista panorámica frente al Cordal de Ponga. Entro en el pueblo con mucha emoción, pues no he ido desde niña y guardo un recuerdo maravilloso desde entonces del mismo. La alegría es enorme al llegar porque apenas ha cambiado arquitectónicamente hablando y su belleza permanece intacta...allí siguen las casas con sus galerías y no veo ninguna edificación que desentone.

Mi amiga y su pareja me invitan a comer en un bar de Sobrefoz un pueblo que está a 6 Km. y que también merece la pena conocer para quien se anime a acercarse a la zona. Tras la comida me llevan en su furgoneta con sus dos perras y Cooper a caminar por un lugar llamado Ventaniella. Por encima de Sobrefoz el límite con Castilla se establece precisamente, en el puerto de Ventaniella. Subimos un tramo en coche y luego aparcamos la furgoneta y vamos subiendo al lado del río Ponga hasta llegar a la venta y la ermita.



El bosque de hayas.

El rio Ponga 


Mis amigos me cuentan que la venta fue refugio de los arrieros que cruzaban desde Burón con sus animales ya que este paso era más suave que los de Tarna y el Pontón y que el nombre de Ventaniella deriva según la tradición oral de la resistencia que el casero mostró ante las tropas árabes que pretendían llevarse a la hermana del rey Pelayo, refugiada allí. Ante sus exigencias, el ventero logró expulsarles, después de afirmar orgulloso: "Ni venta, ni ella", frase que motivó el nombre de la alberguería. La casería y las praderas son propiedad, desde el SXIX, del pueblo de Sobrefoz que la arrienda cada cuatro años a un vecino para su explotación y conservación y de hecho cuando pasamos por allí estaban arreglándola porque al parecer, en la próxima temporada, les corresponderá su explotación a los propietarios del bar donde comimos.

Proseguimos nuestro camino ascendiendo hasta un bosque de hayas precioso y unas horas más tarde y al llegar a Beleño bañamos a Cooper que ha dado el paseo revolcándose en todas las boñigas que encontró a su paso. Y tras visitar el Centro de Interpretación del Parque Natural de Ponga, regreso feliz al Hotel La Cepada.


Y ahora, por fin, tomo posesión de mi habitación que me parece maravillosa pues es amplísima, con unos enormes ventanales sobre Cangas de Onís, un inmenso cuarto de baño y una televisión de plasma también enorme que agradezco un montón pues en esta ocasión se me olvidó meter algún libro en la maleta..

Bajo a cenar con Cooper a la terraza. Una camarera muy amable y simpática me sirve una exquisita ensalada y un postre igualmente exquisito…Me cuenta que se puede dejar el perro en la habitación siempre que sea para utilizar el restaurante del hotel (Los Canónigos), pero que como norma general prefieren que no se deje a las mascotas durante mucho más tiempo pues al parecer ya tuvieron una mala experiencia con alguien que se fue dejando solo a su perro que no paró de ladrar y arañar la puerta. De hecho, me dijeron que prefieren si optas por dejarlos solos, quedarse con el móvil por si acaso surge algún problema.

A la mañana siguiente vuelvo a desayunar en la terraza, pero en este tema tengo algo que objetar y es que aunque lo encontré muy abundante, me pareció de una calidad impropia para un hotel de esa categoría; no creo que para un hotel de cuatro estrellas sea adecuado poner un fiambre tan malo, un jamón de york de mala calidad con una especie de plástico rosa que pretendía ser mortadela o un queso de barra. Recuerdo que pensé que hubiese preferido menos cantidad y de mejor calidad.

También me sorprendió negativamente que al pedir la factura me dijeran que tenía que pagar 14 euros por Cooper cuando la chica que me atendió por teléfono, me había dicho que el Iva y el perro iban incluidos o al menos eso la entendí yo. Naturalmente, creo que se trató de una confusión y no de algo intencionado, pero lo cierto es que hizo que la cuenta me pareciese un poco desproporcionada, aunque entiendo que estoy en un cuatro estrellas en temporada alta.

Ya en el coche- el hotel tiene un parking muy cómodo y también wifi -me acerco primero hasta una aldea cercana que está a un poco más de 1 km. del hotel (LLueves) y luego bajo a Cangas de Onís con la idea de hacer una senda verde que une Cangas de Onís con otro pueblo cercano que se llama Villanueva de Cangas donde está el Parador de Turismo.

Cooper feliz bañándose en el Sella.


La ruta mide 2 Km. y va bordeando el río Sella. Observo que hay distintas bajadas al mismo algunas con pozas en las que apetece bañarse- vuelve hacer un día espectacular y van dos seguidos!!- y cometo la torpeza de permitir que Cooper se meta en una de ellas...y es que teniendo en cuenta que la obediencia no es una de sus cualidades y que le encanta el agua, creo que estuve casi una hora utilizando todo tipo de tretas para intentar que saliese... Al final, me vi en la obligación de meterme en el agua a sacarle tras remangarme los pantalones… De todos modos, tampoco me importó mucho porque eso me permitió dedicar el tiempo a la contemplación del Sella, recreándome en su belleza.

Allí, sentada mientras esperaba que Cooper se decidiese a salir, me acordé de una película que vi hace muchos años tan solo una vez y que sin embargo dejó en mí una honda impresión; me estoy refiriendo a El Río de Renoir.

No recuerdo con detalle la trama, pero si la sensación que la película llena de poesía dejó en mi recuerdo…contemplando El Sella recordé como me gustó la utilización que Renoir hace del río como representación del simple transcurso de la vida y del ciclo sin fin de la vida y la muerte.Y sentí una extraña paz que no me es ajena cuando me veo en plena Naturaleza, como si la contemplación en la que suelo caer en esos momentos me ayudase a comprender la Verdad que reside en la Naturaleza.

Esa sensación de paz derivada de sentirme unida al entorno ya no me abandonó en toda la senda hasta llegar a Villanueva de Cangas.

El pueblo me pareció una monada, tan limpio, tan cuidado, lleno de flores, con tantos hórreos de madera… Al final del pueblo me encuentro el Monasterio de San Pedro que data del S.XII reconvertido en Parador de Turismo. Este antiguo monasterio benedictino se encuentra situado en la derecha del río Sella. La tradición atribuye a Alfonso I el Católico (739-757), yerno de Pelayo, su fundación y está considerado desde 1907 monumento nacional o histórico artístico.

Con la desamortización de1835 se produjo el abandono del monasterio, mientras su templo fue dedicado a parroquia del lugar. El Parador ostenta una categoría de 5 estrellas y se inaguró en Julio de 1998.

Iglesia románica de San Pedro de Villanueva.

Después de la visita al Parador emprendemos el camino de vuelta para recoger el coche que dejé aparcado en Cangas de Onís. Cooper vuelve a bañarse, pero esta vez en un sitio que sospecho le dio un poco de miedo porque me pareció que le llevaba un poco la corriente...afortunadamente me ayudaron a sacarlo dos turistas que estaban dándose un chapuzón.

Estoy pensando ya en regresar a Gijón, pero al ver que sólo estoy a 13 km. de Covadonga decido acercarme. Voy con un poco de miedo, pues me dijeron en el hotel que en la actualidad, y durante los meses de verano, está restringida la subida a los Lagos Enol y Ercina lo que me hace temer que pueda encontrarme con una romería, pero al igual que me ocurrió con Beleño me encontré con la grata sorpresa de no haber encontrado muchos cambios tras casi 15 años sin ir por allí. Por supuesto, hay muchos hoteles y restaurantes que son nuevos para mí, pero no me parecen feos y encuentro todo cuidado.

La Basílica de Covadonga.
Aparco frente a la Basílica que sigue pareciéndome un pastelón, quizás porque está construida íntegramente en piedra caliza rosa, aunque el enclave donde se encuentra es espectacular. Fué construida entre 1877 y 1901 por el arquitecto Federico Aparici sobre una idea de Roberto Frassinelli.

Aunque hay gente, en cualquier caso menos de la que esperaba, se respira un ambiente de paz y tranquilidad que me encanta. Pico algo en un bar construido bajo un hórreo que sin embargo ofrece en su carta entre otra cosas hamburguesas y croquetas congeladas... me pregunto si será tan difícil ofrecer una carta un poco más cuidada, casera y con productos autóctonos.

Intento entrar hasta la santa cueva para visitar a la Virgen de Covadonga, pero como ocurre en la Basílica hay un cartel bien visible que advierte que no se puede ir con el perro, así es que me quedo sin visitar la imagen de la Virgen y La tumba de don Pelayo. Según la tradición en esta cueva se habría refugiado don Pelayo y sus hombres durante la Batalla de Covadonga. Una cascada surge de dicha cueva y cae directamente en una poza de gran tamaño.

Me acerco al Hotel don Pelayo. En alguna guía he leído que aceptan perros y quiero confirmar que efectivamente es así. La chica de la recepción me cuenta que sólo se permite la entrada a perros de 6 Kg y mira con cierta desaprobación a Cooper que es enorme, sigue mojado y está sucio…Así es que me conformo con pedirle que me sirva un café en la parte de fuera que tomo encantada con una vista espectacular enfrente. Es tal la paz y serenidad que se respira que prolongo el café un buen rato hasta que finalmente decido que no me queda más remedio que iniciar el regreso a Gijón.

Comentar por último que ya al final de mi estancia descubrí una senda verde de un kilómetro y medio de longitud entre el lugar conocido como Muñigo y Covadonga. El camino comienza en Muñigo una vez atravesada la pasarela peatonal que comunica el aparcamiento situado en la margen derecha de la carretera AS-262 y termina en Covadonga lo que da la oportunidad de llegar caminando hasta allí.


Hotel la Cepada. Cangas de Onís
Teléfono. 985 849445
*Cobran un suplemento de 14 euros por el perro

Dejo a continuación una lista de hoteles que sé que admiten perros en Cangas de Onís, aunque ni los conozco ni sé las condiciones:

La Tiendona/985840474/www. hotellatiendona.com
El Angliru/985940223/www.hoteleslapasera.com
Avelina/985947171/www.hotelavelina.com
La Pasera/985940223/www.hoteleslapasera.com
La Trapa Palace/985940223/hoteleslapasera.com
Peñalba/985846100
Solís/985848234






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