Viajes con mi perro

Otra vez Mataelpino (Madrid)


Decidida como estoy a aprovechar cualquier oportunidad de salir de Madrid para disfrutar de esta primavera que a mí, no sé bien por qué, se me antoja más esplendorosa que la de años anteriores, acepto encantada la invitación de unas amigas que tienen una casita en Matalpino y me acerco con ellas y  Cooper a pasar allí la tarde. Con nosotras viene también Sancho, el perro de mis anfitrionas.


Ya habíamos estado allí hacía poco tiempo, pero en un día demasiado caluroso lo que no hacía demasiado agradable la práctica del senderismo. Sin embargo, el día elegido para nuestra excursión, el sábado 11 de Mayo, fue perfecto para caminar pues corría una agradable brisa. Una brisa suave que parecía hacer todo más amable. No sólo la sensación térmica, también el paisaje, convirtiendo aquella tarde de primavera en una tarde perfecta.



Nada más llegar a la casita de mis amigas, La Maliciosa, apareció de nuevo imponente ante nuestros ojos aunque apenas ya nevada. Iniciamos nuestro paseo por un camino plagado de cantueso o tomillo barriguero cuyas flores azul violáceo florecen de abril a junio y que exhalan un olor delicioso.



Una vez más Cooper se bañó en el Arroyo de la Gargantilla y más tarde cuando bajamos caminando hacia Matalpino para tomar un café no dudó en volver a refrescarse, esta vez en un abrevadero de vacas. La verdad es que su afición por el agua resulta en ocasiones difícil de sobrellevar .


Muy cerca de Matalpino, a unos 8,50 Km, se encuentra Manzanares el Real. Situado al borde del Embalse de SantillanaManzanares es famosa por el Castillo de los Mendoza, muestra de la arquitectura militar del S. XV y que pasó de fortaleza a convertirse en palacio residencial dicha familia.

Por momentos se me ocurre proponerles a mis amigas acercarnos a visitarlo, pero finalmente decido sentarme y no hacer nada, simplemente contemplar el cielo, y charlar tranquilamente con una de mis amigas que se sienta un rato a mi lado.


Y un poco más tarde regresamos a Madrid, cansadas, pero con esa sensación tan agradable de haber vivido nuestro tiempo con un tempo diferente, con esa intensidad con la que se viven las horas en la infancia y habiendo fijado la mirada en detalles aparentemente insignificantes y que sin embargo, a menudo, me parecen los únicos verdaderamente importantes de la vida.

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